Todavía no existe nada parecido al “gen de la computación” o el “cromosoma del smartphone”. Ver a un bebé manipular una tableta puede sugerirlo, pero, al menos por ahora, la ciencia no ha identificado ese cambio en la evolución biológica. El ser humano no nace sabiendo cómo usar el celular, la computadora o el microondas. Tiene que aprender.
Los llamados “nativos digitales” la incorporan más rápido y logran manejar en cuestión de minutos casi cualquier dispositivo que llegue a sus manos. En casa, en la escuela y con los amigos, tienen la oportunidad de probar, ensayar y terminar por convertir estos aparatos en extensiones de su propio cuerpo.
La generación de los padres pueden tener a estos pequeños nativos como profesores, pero también, por lo general, se ven obligados a aprender a manejar el correo electrónico y el smartphone, entre otros, porque su trabajo se los exige. Estos extranjeros digitales eventualmente se vuelven ciudadanos del nuevo y cambiante mundo tecnológico.
Los más viejos, los abuelos de los nativos digitales, son los que están más alejados de ese mundo. El asunto es que también viven en él y deben adaptarse para que la propia tecnología no los destierre de la sociedad.
Los adultos mayores pueden aprender a manejar la tecnología y, de hecho, ya lo hacen. Cada vez hay más abuelos en Facebook y Twitter, accediendo a Google y YouTube, o incluso jugando